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Pecho y Piercing … ¿conoces sus riesgos?

La técnica del piercing se ha convertido a lo largo de los años en un modo de decorar el cuerpo. Todos conocemos a alguna persona o hemos visto a alguien que viste uno o varios, bien en el ombligo, labios, lengua, nariz, orejas, genitales, pezones, etc.

Son las consecuencias físicas de este último las que analizaremos hoy, puesto que no sólo es de todos ellos el que más dolor puede provocar al realizarlo, el que mayor tiempo de curación precisa, sino el que también en un futuro, si decides ser madre, puede afectar al acto de amamantar a tú bebe

Cualquier perforación en el cuerpo está sujeta a un alto riesgo de infección y dada la naturaleza de esta zona, la curación de la herida provocada por el piercing, es larga puesto que los pezones tardan más en recuperarse que cualquier otra parte del cuerpo de ésta práctica; se estima que puede prolongarse entre 18 meses y  tres años en algunas mujeres y por lo tanto, durante todo el período el riesgo de infección persiste, pudiendo dar lugar a la formación de alguna desagradable cicatriz, con lo que, algo que pretendía ser bonito, decorativo y sensual, se convierte en algo poco atractivo que da lugar a complejos innecesarios y momentos desagradables y lo más probable y peor, a la necesidad de una intervención quirúrgica, pues la infección puede extenderse a través de los conductos y afectar a los ganglios linfáticos.

Entre los riesgos potenciales podemos destacar, la formación de bolsitas de pus debajo de la piel, galactorrea (secreción espontánea de leche), daños en los nervios, hemorragia, quistes de sangre, reacciones alérgicas, formación de quistes, queloides (exceso del crecimiento de la piel durante el proceso de cicatrización) e incluso el contagio de alguna enfermedad como la hepatitis B y C y aunque en menor medida también el VIH (SIDA).

Lo que sí está confirmado afortunadamente, es que no provoca cáncer de mama, aunque algunas mujeres han confundido los síntomas al presentar su pecho un endurecimiento del tejido circulante provocado por una reacción al metal.

En cuanto a los riesgos que puedes encontrar durante la lactancia son: posibilidad de obstrucción y deformación de los conductos lactíferos, lo que imposibilitaría el paso normal de la leche al exterior; mastitis, disminución de la producción de leche (entre un 5 y un 10% menos), que la leche que alimente al bebe se filtre por los orificios del piercing … y lo que es peor, ¡que el bebé pueda tragarse el piercing!, pues aunque sea difícil de creer, hay mujeres que amamantan con él.

Por ello lo más recomendable si tú intención es dar de mamar es retirarlo, pero eso sí, es muy probable que una vez superado este período, se haya cerrado.

Finalmente, si a pesar de todo esto aún estás decidida a colocarte un piercing en esta zona, asegúrate de que el lugar donde te vayan a realizar la intervención, aplique las medidas exigidas de sanidad e higiene para su procedimiento.

Marta Fdez. Cuevas
Directora Ejecutiva

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